
"Ahí me pasan la pensión. Saca para la comida y todo eso", y se alejó arándose un mechón por la calva, con esos dedos largos y nudosos. Desde entonces convivimos como si fuéramos dos huéspedes de una misma pensión, con el trato correcto pero frío de las vidas que coinciden por caprichos de la casualidad. O sea, como siempre. (...) No he tenido que cambiar ninguna de mis costumbres, lo que era mi mayor temor; y las costumbres de un homosexual de treinta años que vive solo y se dedica al periodismo gráfico (a hacer fotos, para entendernos) no son siempre las más adecuadas para la convivencia con un padre sesentón , al menos con un padre como el mío.
Foto:
Leopoldo Pomés
Leopoldo Pomés
Texto:
Oscar Esquivias
La marca de Creta
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