
La imagen de un espejo es fugaz y el reflejo no queda detenido. La fotografía en cambio, ese "espejo con memoria" según se llamaba al daguerrotipo, inmoviliza nuestra imagen para siempre, con todo lujo de detalles y la verdad como pátina. Una inmovilización y un aprisionamiento que nos acercará ineluctablemente a la idea de la muerte.
Foto:
Hiroshi Sugimoto
Texto:
Joan Fontcuberta
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