

Es a través de las fotografías como se envían mensajes secretos, ocultos a las autoridades (si está de pie, significa que las cosas le van bien, si está apoyado, que las cosas están más o menos, si está sentado, que todo va muy mal). La mayoría continúa viviendo sólo en las fotografías. Los armenios de aquellos tiempos habían encontrado en la fotografía la única manera de registrar su paso por este mundo, la única venganza que tenían a mano contra la desaparición que presentían.
Es también a través de las fotografías, esta vez borrándolas de todos los álbumes. Las fotografías eran, para los armenios de aquellos tiempos, una especie de testamento o como un seguro de vida. Si el hombre volvía de los convoyes de deportados, de los orfanatos, de los viajes en las calas de los vapores, la fotografía volvía a ser guardada y el vivo retomaba su lugar entre los otros. Si no volvía, entonces la fotografía traía al desaparecido de vuelta entre los suyos, cuando las cajas viejas y bellamente incrustadas, en la época de las fiestas, se abrían. La fotografía se convertía en la excusa de los que, en aquel siglo demasiado apresurado, habían partido sin llegar a despedirse. Los armenios de mi infancia vivían más entre las fotografías que entre las personas.
Bertrand Carriere
Foto 2:
Detritus
Foto 3:
Salvador Lopez Santolaya
Varujan Vosganian.
Comentario de:
El libro de los susurros

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