
Ahora que su nombre le resultaba tan familiar, Madeleine se pregunta cómo, en aquel momento, pudo responderle a él que ese nombre, popular ya para muchos, le era a ella absolutamente desconocido. Pero han pasado treinta y seis años y ella duda de todo incluso de su memoria. Tal vez, alguna mañana, le saltase a los ojos el nombre de él desde las páginas de un diario. tal vez encontrase bello ese nombre, o divertido. Sea como fuere, y desde el recuerdo, le resulta ahora audaz su respuesta de entonces, al igual que audaces le parecieron entonces las primeras palabras de él para con ella.
Foto:
Elizabeth Siegfried
Texto:
Miguel Ángel Ortiz Albero
Un día me esperaba a mi mismo.
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Elizabeth Siegfried
Texto:
Miguel Ángel Ortiz Albero
Un día me esperaba a mi mismo.
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