
III
Noviembre llora siempre
lágrimas ocres.
Te aferras al jarro vacío
de claridad que huye.
En ti ha germinado
la voz en minúsculas.
Reconoces el guiño,
no las palabras.
La tristeza difumina la tarde,
es un eco del arroyo.
Su luz, la sílaba
del anochecer.
Una saeta herida
escancia fragancias.
Sus plurales ecos
funden secretos candentes.
Cuando el poeta sedujo a la vida
y el lenguaje y los gestos
delimitaron la máscara.
La pluma dictó su verdad:
la noche es un callejón perdido.
Tú, que recorres sus esquinas,
ves que no está sola la playa.
Foto:
Julian Wasser
Poema:
Enrique Villagrasa
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