martes, 23 de septiembre de 2014

Brasil, sin tierra












Una imagen puede querer ofrecernos realidad o irrealidad, y por esto el objetivo no tiene que tragar lo que encuadra y digerirlo para luego expulsarlo lo antes posible. La espera, la relación, la empatía, el identificarse necesitan de tiempo, de duración. Son sensaciones y percepciones que es necesario hacer propias y guardar dentro.






















La única parte del cuerpo humano que permanene casi siempre descubierta, es el rostro. Y es gracias a esta parte como los seres humanos se lanzan las primeras señales. No somos nosotros los que miramos una buena fotografía, sino son ellos los que nos miran.






















Todas las imágenes están en blanco y negro. Es como si todo llegara de una extrema oscuridad y se manifestara a través de los sutiles e infinitos matices de los grises. En fotografía ofrece otro modo de interpretar y expresar la realidad: con más profundidad, con más necesidad de escuchar. Prefiero la fotografía cargada de intencionalidad, de memoria, de emoción, y creo que el blanco y negro potencia esas cualidades.















Fotos y texto:
Danilo De Marco



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