Una
imagen puede querer ofrecernos realidad o irrealidad, y por esto el objetivo no
tiene que tragar lo que encuadra y digerirlo para luego expulsarlo lo antes
posible. La espera, la relación, la empatía, el identificarse necesitan de tiempo,
de duración. Son sensaciones y percepciones que es necesario hacer propias y
guardar dentro.
La única parte del cuerpo humano que permanene casi siempre descubierta, es el rostro. Y es gracias a esta parte como los seres humanos se lanzan las primeras señales. No somos nosotros los que miramos una buena fotografía, sino son ellos los que nos miran.
Todas
las imágenes están en blanco y negro. Es como si todo llegara de una extrema
oscuridad y se manifestara a través de los sutiles e infinitos matices de los
grises. En fotografía ofrece otro modo de interpretar y expresar la realidad:
con más profundidad, con más necesidad de escuchar. Prefiero la fotografía
cargada de intencionalidad, de memoria, de emoción, y creo que el blanco y
negro potencia esas cualidades.
Fotos y texto:
Danilo De Marco










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