La flama de la
siesta socava las paredes
y agota en su
fulgor esa mirada
de lo que siendo
escapa a la razón. Preguntas
si habrá de
sucedernos la edad en que perviva
todo lo que merece
la presencia:
el rosal inflamado,
las aguas repetidas
en ese único río
que vive para siempre,
la rueda de molino
de apariencia inmutable
y la casa erigida
sobre una red de arena.
Acaso la respuesta
esté en el arco
y su umbral
desgastado,
en esa enredadera
sometida a la forma,
en el denso dolor
de este manso silencio.
Anticipa la tarde
una antigua certeza
de la que sólo es cómplice la sombra:el ocaso será la nueva aurora.
Fotos:
Nicholas Hughes
Poema:
Álvaro Valverde






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