En 2017, Khadija Saye figuraba como la artista
más joven del Pabellón de la Diáspora. Con motivo de la 57 edición de la Bienal
de Venecia, la exposición reunía la obra de 19 artistas emergentes de diversas
procedencias étnicas, residentes en Reino Unido, para tratar de las infinitas
complejidades que se encuentran detrás de la idea de la nacionalidad. Saye
presentaba una serie de seis autorretratos que bajo el título Morada: en
este espacio respiramos, exploran “la migración de las prácticas
espirituales tradicionales de Gambia”, según las propias palabras de la
artista.
Nada hacía esperar que el futuro
de la joven se iba a ver truncado un mes más tarde: en la noche del 14 de
junio, la artista moría a causa de las llamas en la torre Grenfell de Londres. Bloque de protección oficial que alojaba
cerca de 300 personas, pertenecientes a minorías étnicas. El incendio se cobró
la vida de 72 personas, entre las que también se encontraba la madre de la
artista, con quien compartía vivienda. La torre se convirtió en un infierno al
propagarse el fuego causado por una nevera defectuosa debido al revestimiento
inflamable del edificio.
De los nueve ferrotipos que
componen la serie se salvaron seis; los expuestos. Por suerte se pudieron
recuperar los escaneos brutos de las otras tres obras restantes, que la propia
fotógrafa había realizado antes de morir. Así, ha sido posible mostrar la serie
al completo en un nuevo proyecto de arte público. La instalación surge como
“una necesaria respuesta frente a la desigualdad, el racismo y la injusticia
que viene a coincidir con el tercer aniversario del dramático incendio”. “Ha
sido necesario agrandar el tamaño de las imágenes originales con el fin de
mostrarlas en el exterior. Corríamos el riesgo de que perdieran el carácter
íntimo que las distinguen, pero pretendemos llegar a aquellos miembros de la
comunidad local, a quien se dirigía la artista y que nunca pudieron ver su obra”.
Sentada frente al visor de la
cámara, ataviada con un traje oscuro, y con distintos tocados, la artista
introduce distintos objetos en la imagen. Elementos que parecen adquirir un
simbolismo que se integra en unos rituales inventados. El autorretrato se
convierte en el campo de experimentación de “un modo de proclamar la devoción,
la virtud, el alma y la prosperidad de uno mismo”, en palabras de la fotógrafa.
Es la inestabilidad del proceso utilizado, el colodión húmedo, la que favorece
los resultados inesperados y otorga a las imágenes un aire etéreo. Los
beneficios obtenidos de la venta de las serigrafías serán destinados a The Khadija Saye IntoArts Programme,
que pretende abordar la falta de diversidad dentro del sector de las artes en
Reino Unido ofreciendo oportunidades a jóvenes procedentes de comunidades desfavorecidas.
Fotos:
Khadija Saye
Texto:
elpais.com







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