martes, 11 de agosto de 2020

Morada, en este espacio respiramos

 










En 2017, Khadija Saye figuraba como la artista más joven del Pabellón de la Diáspora. Con motivo de la 57 edición de la Bienal de Venecia, la exposición reunía la obra de 19 artistas emergentes de diversas procedencias étnicas, residentes en Reino Unido, para tratar de las infinitas complejidades que se encuentran detrás de la idea de la nacionalidad. Saye presentaba una serie de seis autorretratos que bajo el título Morada: en este espacio respiramos, exploran “la migración de las prácticas espirituales tradicionales de Gambia”, según las propias palabras de la artista. 








Nada hacía esperar que el futuro de la joven se iba a ver truncado un mes más tarde: en la noche del 14 de junio, la artista moría a causa de las llamas en la torre Grenfell de Londres. Bloque de protección oficial que alojaba cerca de 300 personas, pertenecientes a minorías étnicas. El incendio se cobró la vida de 72 personas, entre las que también se encontraba la madre de la artista, con quien compartía vivienda. La torre se convirtió en un infierno al propagarse el fuego causado por una nevera defectuosa debido al revestimiento inflamable del edificio.








De los nueve ferrotipos que componen la serie se salvaron seis; los expuestos. Por suerte se pudieron recuperar los escaneos brutos de las otras tres obras restantes, que la propia fotógrafa había realizado antes de morir. Así, ha sido posible mostrar la serie al completo en un nuevo proyecto de arte público. La instalación surge como “una necesaria respuesta frente a la desigualdad, el racismo y la injusticia que viene a coincidir con el tercer aniversario del dramático incendio”. “Ha sido necesario agrandar el tamaño de las imágenes originales con el fin de mostrarlas en el exterior. Corríamos el riesgo de que perdieran el carácter íntimo que las distinguen, pero pretendemos llegar a aquellos miembros de la comunidad local, a quien se dirigía la artista y que nunca pudieron ver su obra”. 








Sentada frente al visor de la cámara, ataviada con un traje oscuro, y con distintos tocados, la artista introduce distintos objetos en la imagen. Elementos que parecen adquirir un simbolismo que se integra en unos rituales inventados. El autorretrato se convierte en el campo de experimentación de “un modo de proclamar la devoción, la virtud, el alma y la prosperidad de uno mismo”, en palabras de la fotógrafa. Es la inestabilidad del proceso utilizado, el colodión húmedo, la que favorece los resultados inesperados y otorga a las imágenes un aire etéreo. Los beneficios obtenidos de la venta de las serigrafías serán destinados a The Khadija Saye IntoArts Programme, que pretende abordar la falta de diversidad dentro del sector de las artes en Reino Unido ofreciendo oportunidades a jóvenes procedentes de comunidades desfavorecidas.













Fotos:

Khadija Saye



Texto:

elpais.com





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